Flamboyant

2004-03-20 @ 03:25

Después de haber ido a ver Kill Bill uno no puede por menos que dar gracias por pertenecer no sé bien si a una generación o a un target o a un grupo de consumo o lo que sea que le permite disfrutar tanto tanto tanto tanto (y van 4) de tamaño festival de belleza (especialmente femenina), ritmo y acero. Ahora sólo tengo ganas de desenfundar katanas en horizontal mientras hago descansar su filo sobre el puño de mi kimono, calibrando el brillo del lacado de su funda de bambú.

Gracias demos a los dioses de nuestro imaginario adolescente por librarnos del yugo de lo profundo, coherente y moral en favor del esto es espectáculo amigos. ¡Kia!

F-E-S-T-I-V-A-L

Y hablando de fricción: ayer fue una de las pocas veces en la que fui consciente de estar participando en la escena de una película, de esas tantas veces contempladas como espectador con la seca pero ignorante envidia de a quien nunca le pasa nada.

Fue en el momento exacto en el que anotaba mi número de teléfono sobre el anverso de una factura rota, de la luz para más señas (¿¡!?). A pesar de sentirme absurdo me giré y se lo entregué al chico gracias al cual hacía apenas una hora estaba pensando en lo extraño, complejo y -en determinados flashes- un poco rollo que es el sexo entre personas.
Supongo que es inevitable, y tampoco es que le reste grandeza.

La lucidez, ese bromuro.

Decía lo de las películas porque es un poco peliculero el rollo yo te anoto mi número para que tú lo guardes en el bolsillo dentro del que será fumigado por el detergente al jabón de marsella que con nostálgica esperanza compró tu madre para su lavadora. ¿Y es que qué hacemos con esas frases post choque de trenes?...¿son lugares comunes, juegos de pingpong o qué?...¿en qué academia enseñan a leer entre líneas?.

....

Igual es que me paso de listo, porque mientras estaba yo aquí en plan caro diario (y tan caro, $upongo, que a ver a quién carallo $e lo voy a contar...) sorpresivamente he hablado con el interfecto, de cuya conversación he de deducir que debo atenerme a la literalidad de las cosas. Por ejemplo: si me pide mi teléfono es para llamarme. ¿Es así, tan fácil?. Bueno, como decían en la radio de Natal en aquellas salmodias-mantra que eran las esquelas radiadas que escuchaba la chica que nos cuidaba en casa: "favores que se agradecerán".

Hoy ha sido San José. En mi familia nos vamos todos a una aldea (aún más aldea y más natal que la propia Natal) para ver quién consigue embutirse más en la cita anual con el lacón, las empanadas, el cabrito, la tarta de san José y el flan de café. Todo muy nouvelle cuisine. Yo, como me veo rodeado así como de mis propias raíces más hondas, me empeño especialmente en la labor, y al cabo de la tarde siempre acabo pensando en cómo llamaré al nasciturus que alojo en mi tripa, cuan lagarto de Uve. ¿Daiana quizás?

Y he respirado ingente cantidad de O2 (esto es oxígeno, creo...¿hay algún químico en la sala?) mientras a mi alrededor se hablaba de planes de pensiones, lindes de fincas, y se discutía si era verdad que en Bulgaria y Mauritania los hombres se besaban al saludarse.

Yo, la verdad, no he sabido qué pensar, y al despedirme le he dado dos besos a mi padre cuando me ha dado una bolsa con la que podré revivir de vez en cuando in my own home los aromas de la auténtica -pero auténtica- cocina de leña, microondas mediante.

Amigos, me estoy haciendo mayor.

Current music: Flamboyant - Pet shop Boys

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