Estados de ConSciencia
2004-09-18 @ 19:06
Extrañamente, el agua llegó a mis pies.
Como suelo hacer en esas ocasiones en las que estoy solo en cualquier sitio lleno de gente que no lo está, ni me inmuté, y simplemente me levanté con el libro en una mano y la toalla en la otra. Di unos cuantos pasos alejándome de esa extraña orilla recién estrenada por la creciente marea, y me volví a tumbar.
Pero, oh dios, ya nada fue igual.
Levanté la vista y allí estaba, al final de un horizonte mil veces visto pero que ahora adquiría un nuevo significado: el fin del verano.
Antes había decidido no ponerme los cascos: quería escuchar el estrépito de las olas, hoy tan fuertes que anularían cualquier posibilidad de percibir El Mundo Exterior. Y desde ese momento he pasado la tarde, en una playa extemporánea, vibrando en la lectura de las vidas de otros, sabiendo que hoy sería la última oportunidad de jugar a los relojes de arena.
Y cuando vi aquel horizonte dejé el libro, me senté, junté un poco los brazos y me quedé así, sin hacer nada, sin pensar en nada.
UN rato muy largo.
Ahora caigo en la cuenta de lo que vi allí es el calendario de mi vida, y sentí aquello que tantas veces me habia esforzado por percibir de niño las noches de fin de año, cuando me encerraba en el baño a solas minutos antes de que diesen las uvas: si cerrabas los ojos y lo deseabas profundamente quizás algo iba a ocurrir, el tiempo iba a cortar la cinta, todas aquellas cosas buenas para las que me habían preparado estaban a punto de ser anunciadas. Alguien, algo, yo mismo convocaba a los deseos para que se hiciesen realidad.
Esta tarde no he sentido que nada especial vaya a ocurrir, pero sí que la cinta ha sido cortada, que algo se ha ido. Y claro que es triste, pero sé, estoy convencido, no-puede-ser-de-otra-forma...que aún quedan muchas otras cosas por venir.
Yo mido mi vida en veranos.
Suena: Mojave 3. Excuses for travellers.
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