Fa
2004-06-23 @ 18:53
Hola.
El domingo, cuando volvía de Natal en coche, cayó un chaparrón así en plan cortina de ducha. Y me resultó extraño sentirme bien, como comulgando con una madre naturaleza ávida de sentir el frescor del caribe. Para que todo haga un galaico verbo que a mi me gusta mucho: "arrecender".
Lo del Caribe me recuerda que si alguien me tronza un apéndice corporal y me cuenta los anillos podrá entrever en ellos el recuerdo del primer anuncio en el que se mostraba un pecho. Fue todo un acontecimiento intuir aquella teta espumosa y comercial entre las plameras del gel FA, y lo echaron en viernes noche, que era el momento reservado para las cosas así pícaras.
Pícara era también el nombre de la malvada hijastra de Mística, y que usurpó para siempre los poderes de Ms. Marvel absorbiendo con ello no sólo su capacidad de volar y fuerza estelar, sino también sus recuerdos. Suceso que sin duda influyó en su cambio de bando y su integración en la Patrulla X en unos episodios gloriosos si no recuerdo mal dibujados por Bob Mcleod.
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Yo pensé en Pícara el sábado a las cinco y pico de la mañana, cuando caí en la cuenta de hace cuánto tiempo que no beso a nadie.
O soy besado, que también podría ser.
Se dice, se comenta -aunque yo no sé si creerlo- que hay gente por ahí que no besa, que pasa directamente a tantear la alcachofa quizás porque teme que le succionen los recuerdos superiores vía esófago. ¿Demasiada intimidad?, ¿Too much love, como dicen Experience?. Cosas mutantes.
En cuanto a que cómo estás, pues no sabría qué decirte. Quizás en manos de una serie de signos que flotan en el aire:
- Ya está aquí la fruta de hueso. Melocotones, albaricoques y peladillos (¡qué nomenclatura esta última!) aparecen lustrosos en los supermercados pidiendo cómeme cómeme y hazme tuyo, quiero ser tu fruta. Y yo, pejiguero, me hago el comegrupies: tú sí, tú no, tú sí, tú no, tú sí, tú no, tú sí....
- Punto y aparte para La Cereza, esa reineta.
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- Me revuelvo en las sábanas, me levanto al baño, bebo zumo, me acerco hasta la ventana para ver a los borrachos pasar a las cuatro de la mañana, desde arriba. Ya duermo sin camiseta, piso descalzo y me crujen los huesos. En mi habitación hace mucho calor, pero no me importa.
- Para quien fue niño de interior (y no sólo geográfico) ver desde la calle a gente medio desnuda y dormitando en la playa, en descuidadasa poses que seguro no dejan ver ni en su alcoba, y todo a un paso de mi portal no-deja-de-sorprenderme. Es como un aceitoso desafío al orden de las cosas. Y sonrío.
- El agua por la tarde. Las duchas vespertinas refrescan y entretienen. Yo diría incluso que alimentan. Si es por haber ido al gimnasio o a la playa, quién coño quiere un spa. Es como cuando el cuerpo te pide una crema de esas bodyhidratantes. Te la untas y te la resbalas y acabas pareciendo (y si eres un/a chico/a tigretón lo entenderás) un pastelito.
- Semevanloojos. ¿A tí no?.
Pues he pinchado, tenido mucho curre, pasado mucho calor, y he pillado moreno obreiro. Esto no es sino acicate para contraponerme al personal con el que comparto gimnasio, porque me he fijado y dan un poco de cosa los tipos aceitunados al betún, con esas patillas ralas que sólo prometen pichasfrías. De que no.
Ja, como si pudiera escoger.
Es que me he dado cuenta de que, ya de fijarme, pues hacerlo en uno que va con su camiseta blanca, pantaloncillo marrón, no ha pisado un solarium en su vida y lleva unos increíbles calcetines azul marino con assic tiger marrones para hacer deporte, que sólo yo sé que es por molar sin querer, aunque parezca todo lo contrario. Pero nada, es un fijar que yo me sé que no hay chance de dar brillo o esplendor.
Y tengo unas zapatillas nuevas cortesía de D, quien era el último visitante fijo de estas crónicas y por fortuna para ambos ha dejado de serlo. Yo creo que ya no queda nadie por aquí. Sea como sea he de confesar que con las zapatillas de marras me siento:
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Y hoy, las hogueras de San Juan. A ver si arde Troya de una vez, coño.
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