RUBOR

2004-03-02 @ 23:51

Cómo me gusta Urgencias. Es que yo creo que fíjate, que no me puede gustar más.

Los Héores

Sé que es una cosa rara, porque cuando lo confieso en público todo el mundo me mira en plan tú estás galeno o qué...

Y es que no conozco a nadie que comparta ésta mi devoción por los estetoscopios con los que percibir el ruido sinusal, por los trepidantes movimientos de cámara mientras fibrila, fibrila, cien de lidocaína.

Llevo siguiéndola desde hace muuuchos años, cuando la emitían todas las tardes en la primera (por entonces no había culebrones, ni mucho menos anas rosas quintanas en su salsa) y mi hermana y yo corríamos al sofá con esa ansiedad que sólo provoca la ficción seriada sobre los jóvenes impresionables.

Falcon Crest, La Más Grande

Desde entonces no me pierdo las historias del County General de Chicago. Los lunes noche me admiran -y no paran- los casos repletos de gente humana de la calle (bueno, de la street) y sobre todo sus admirables protagonistas: la seca doctora Weaver que ahora es lesbiana y siempre me cayó fenomenal, la sensata enfermera Maggie que es la buena siempre dispuesta a ayudar, el guapo y encantador y perfecto doctor Carter que es millonario pero ahí lo tienes que se preocupa por todo y quien lo pillara, la doctora Cordail, cirujana de porte british que es la única que soporta al ajqueroso doctor Romano...bueno, y después ya el resto que ya no me empalman tantísimo pero que hacen a la serie grande con sus contradicciones y sus cosas de a ver si rompo el juramento hipocrático, en una continua lucha contra la parca que se revela titánica, y siempre con una vocación liberal y progresista que yo creo que es lo que me pierde.

Creo que Urgencias me gusta tanto porque tiene mucho que ver con eso que ya he contado varias veces sobre los héroes de la Marvel que tanto me fascinaban, comparten ambos una épica irreductible y una fe ciega en el hombre y en unos valores (no puede ser...no he dicho "valores" verdad?) irrenunciables. Esto es, la dignidad de las personas y la convicción de que todo hombre es una historia digna de ser contada (y salvada).

Dan Defensor, otro héroe de la calle...

Jope, vaya, cómo me he puesto...de verdad, no es por nada pero yo no sé de dónde he salido con estas exaltaciones que me dan. Quizás sea que, como entre semana estoy todo el rato solo, es como si viviese conmigo mismo en una casa de Gran Hermano gigante y particular donde, como todo el mundo sabe, las emociones se magnifican...

Ayer vino una chica a la oficina, delgada, con el pelo largo y ojeras de lectora cansada. O vaya, de cansada, en general. Y hablaba con ese dulse asento pausado de america del sur, que a ver si era posible entrevistarse con el responsable del departamento comersial.

Yo la observaba tras el ordenador, haciendo que hacía, mientras ella se mordía las uñas a la espera de que alguien tuviese la consideración de ofrecerle un clavo ardiendo, aunque sea. Y yo pensaba de cuán lejos habrá venido esta pobre chica, que malditas las ganas que habrá tenido de ponerse a mendigar un puesto de curranta a tropecientos mil kilómetros del pueblito donde hiso su primera comunión.

No sé...

Creo que este ingenuo espíritu mío tiene que ver con el pasado fin de semana, que transcurrió feliz en la buena compañía de M, M, A y otros amigos de Vieira Village a los que hacía mucho que no veía, así ellos todos francos, sencillos, con sus canciones que no tienen ni esto de malaje. Mención especial para las de M, que con un melodión y unas guitarras de Durutti Column (que me gustan a mí....) me tienen más que ganao. El concierto le salió así un poco regular (aquí la gente NO PARA de HABLAR durante los conciertos) pero vaya...sobre todo porque después vinieron unos que yo no conocía pero que imitaban tan rotunda, segura y convincentemente a Yo La Tengo que claro, contra eso no hay quien pueda.

Ah, y esto después de haber visto el viernes a La Buena Vida, en un concierto repleto de hoolligans (bueno, todo lo hoolligans que pueden ser el público de los autores de Magnesia), que se fue todo el mundo como encantao, incluídos ellos.

Pues esta racha de bonhomía tiene visos de continuar, porque este fin de semana tiene lugar en City Town un festival íntimo que quién me lo iba a decir no me puede apetecer más, ahí escuchando las canciones con un cigarro en la mano, rodeado por freakies de dormitorio, meciéndonos con las guitarras lentas y escuchando para nosotros canciones de esas que hacen p-o-p...

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